Dale protagonismo al pescado en tu dieta

Come pescado que es saludable, lo decía mi abuela y no era especialista en nutrición (¿o si?). Como todas las semanas hoy fuimos a la feria del barrio. Estuvimos en animada charla con el puestero de pescado, que nos ilustró sobre las virtudes de la mercadería que presentaba esta mañana.

Veamos como superar las supuestas dificultades que se presentan para incrementar el consumo de este alimento «bíblico» en la dieta habitual de los argentinos.

Sin espinas

Las espinas del pescado pueden ser peligrosas para los más pequeños, y generan miedo en aquellos ya mayorcitos que se imaginan como se les clavan en la faringe.  La solución parece sencilla: elegir el pescado en filetes o lomos sin espinas, en lugar de enteros o trozos, esto hasta que seas más consciente de lo que estás comiendo (un entrenamiento). La oferta de estas presentaciones sin espina es muy grande: merluza,  lenguado, pollo de mar, brótola, lomos de atún o salmón blanco…, aunque también se puede pedir otros y que te los limpien en la pescadería.

No aburras con el filet de merluza

A muchos resulta monótono y aburrido comer pescado porque se prepara o se condimenta siempre de la misma manera (frito, rebozado o empanado). La alternativa para que ésta no sea la razón de su rechazo también es sencilla: cambiar la preparación, la condimentación y la guarnición que acompaña al pescado; cocinalo de forma que resulte más atractivo. En croquetas, buñuelos, albóndigas,  estofado, en tortilla, con salsas diversas, con papas, acompañado de verduras, a la plancha, al horno, a la parrilla, relleno… Con una pizca de imaginación, un pescado se puede convertir en un plato muy apetitoso.

Disimulá  el sabor del pescado

A los que no les gusta el pescado se los puede “engañar”. Algunos lo rechazan porque lo encuentran insípido, comparado con otros alimentos, mientras que a otros es por el sabor y el olor de algunos pescados, sobre todo los más grasos; les resulta muy fuerte.

Hay trucos que pueden solucionar este inconveniente. Por ejemplo, macerarlos con limón, aceite y hierbas aromáticas, acompañarlos de salsas diversas y de guarniciones de hortalizas, papas o arroz, son maneras prácticas y sencillas de cambiar el sabor del plato.

Si se cocina hervido o a la plancha, el sabor y olor a pescado está más marcado, por lo que se puede atenuar o disimular su sabor sin ocultarlo del todo. Con el acompañamiento de distintas salsas (bechamel, salsa rosa, salsa verde…) y las diferentes formas de preparación (horno, papillote, escabeche, rebozado,…) se suaviza su sabor.

Que el pescado «no me llena»

El tipo de proteína característica de los pescados, distinta a la de otras carnes, hace que los primeros sean, en general, más fáciles de digerir. Eso es lo que provoca que noten el estómago «vacío» a las pocas horas de comer pescado. Aunque esta sensación depende del contenido en grasa del pescado (los azules tienen más grasa y su digestión es más lenta), de la forma de cocinado y de cuál sea su acompañamiento.

Un pescado al horno o en  guiso y acompañado de papas, garbanzos  o arroz, «llena» tanto o más que un bife de cuadril con papas.

¿Pescado fresco, congelado o en conserva?

Hoy en día, gracias a los avances tecnológicos, los alimentos congelados son muy nutritivos porque la congelación en rápida, posterior a la pesca, así no se alteran sus cualidades. De manera que el pescado congelado se conserva en perfecto estado durante más tiempo que el fresco, que tiende a estropearse en pocas horas. Por tanto, si no vas a consumir el pescado de inmediato, mejor compralo congelado o congelalo vos, si lo llevás fresco. Además, por lo general el pescado congelado es más barato que el fresco y no tiene desperdicio, está limpio de espinas y sin piel.

Las conservas de pescado son otra opción para añadir a ensaladas, pizzas, empanadas. También sirven para elaborar bocaditos (de atún, de anchoas o de sardinas), o como ingrediente de platos de arroz o pasta (macarrones, lasaña). Mantienen muchos nutrientes del pescado fresco como las proteínas de alto valor biológico y las grasas (las famosas omega 3). Hay que tener en cuenta el tipo de conserva; si es  «al natural», ya que «en aceite» se  modifica su valor energético.

Secretito

Cuando estás en una pescadería y no te invade el olor a pescado, comprá allí. El pescado fresco casi no hule a pescado.

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Autor: Doctor Ugarte

doctorugarte es Alejandro Ugarte, Médico especializado en Nutrición y Diabetes. Profesor del Instituto Universitario CEMIC,, en la carreras de Medicina y de Nutrición. Aplica técnicas de Coaching Nutricional. Trabaja para difundir temas nutricionales por un especialista.

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