Lo que no se come y se puede aprovechar: ¿cómo hacer menos basura comiendo mejor?

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¿Quién dijo la cáscara de la papa no se come? ¿Para qué pelar las zanahorias? Gran parte de lo que desechamos de frutas y hortalizas no es necesariamente desperdicio, aun es alimento. Cómo hacer menos basura comiendo mejor.

Comida es eso que se come y basura lo que se tira, dicta el sentido común. Pero esta división viene con la trampa que suele encerrar el menos común de los sentidos. Y algunos datos duros obligan a repensarla: según la FAO (conocida como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), cada año se desecha un tercio de la comida producida en todo el mundo para consumo humano, es decir, millones de toneladas. Suena a mucho porque efectivamente lo es. En condiciones ideales estos «desechos» son basura orgánica, que bien clasificada se aprovecha con utilidad.

Se estima que en Estados Unidos se desperdicia alrededor del 40% de los alimentos comestibles. Por estas latitudes, un estudio de 2011 del Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Facultad de Ingeniería de la UBA y del Ceamse indicó que en la ciudad de Buenos Aires se tiran entre 200 y 250 toneladas de alimentos por día que podrían ser reutilizados en 550.000 raciones de comida.

De esto se desprenden, al menos, dos grandes problemas: el desecho de tamaña cantidad en contraste con el hambre de millones a nivel mundial, y la contaminación que genera al descomponerse (emite dióxido de carbono y metano). El grueso de estos desperdicios aparece en el momento mismo de la cosecha. Le siguen su procesamiento, su almacenamiento y su distribución. Otro punto es el descarte por apariencia, en el que toda fruta u hortaliza «fea» (muy grande o muy chica; rugosa o siamesa) simplemente se deja de lado, como también los productos con defectos en el envoltorio o en el envasado. Al final de la larga cadena, aparecemos los consumidores, que agrandamos la montaña de basura evitable con hábitos que arrastramos desde hace demasiados años.

Algunas claves para aprovechar mejor los alimentos

Manzanas y peras. Están quienes se comen la manzana superficialmente y tiran a un tacho de basura casi la mitad de la fruta. A veces corregir estos gestos habituales pueden contribuir a un consumo más responsable. Algo que desde el sitio Food Beast -que reúne datos y noticias del universo culinario mundial- se recomienda con un video titulado «How to Eat an Apple Like a Boss» (Cómo comer la manzana como un jefe). La idea es simple: en lugar de comer la fruta desde sus costados, hay que hacerlo de abajo hacia arriba (o viceversa), incluido su centro. Las semillas tienen un sabor almendrado muy agradable. Lo mismo con la pera. Su núcleo es tan blando que no vale la pena desperdiciarlo. De esta manera, se aprovecha un 30% más de cada fruta.

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Zanahorias. El destino de algunas verduras suele ser envejecer en el cajón de la heladera. Cuando esto pasa con una zanahoria, pocas cosas quedan por hacer: el paso del tiempo hace que pierda su dureza y sea muy difícil de pelar o rallar. La resolución más fácil suele ser desentenderse y dejarla ir. Error: no hace falta más que ponerla en agua por unas horas y listo, absorbe el líquido perdido y queda como nueva.

Alcaucil. Sí, es cierto, su corazón es lo más rico, pero los platos que solo incluyen esta parte son un símbolo de mezquindad: ¿qué pasa con el resto? Termina en la basura. Vayamos contra esta tontería. El alcaucil se come entero o no se come. Y con esto hablamos también de su tallo. Se puede si se quiere.

 

captura-de-pantalla-2017-02-14-a-las-3-28-48-p-mBrócoli, coliflor y espárragos. Otras productos largamente incomprendidos. No hay razón para desechar sus troncos, solo es necesario tener paciencia y cocinarlos un rato más. Se los puede incluir en tortillas, guisos, sopas, ensaladas, en fin, donde gusten.

Las hojas del apio y las remolachas, pueden incluirse en ensaladas o hervidas en tartas mezcladas con espinaca y / o acelga.

Cebollas de verdeo y puerros. Si bien se puede comer toda la planta. Lo que pocos saben es que si se lleva el bulbo (donde crecen las raíces) a un vaso con agua, la planta se regenera y así se puede volver a usar unas tres veces máscaptura-de-pantalla-2017-02-14-a-las-3-28-53-p-m

Frutas maduras. Nunca falta el que confunde un damasco maduro con uno podrido. Equivocación imperdonable. Las frutas maduras son las más dulces y resultan ideales para hacer dulces o tortas.

Cáscaras. Seguro que ya lo escuchaste y todavía no te convence, pero es así: no hace falta pelar papas, zanahorias, berenjenas ni calabacitas. Con lavarlas bien alcanza. En su piel se encuentran valores nutricionales -como fibras y vitaminas- y le da un plus de sabor a cualquier preparación. Como todo (o casi), es cuestión de tener motivación, animarse y generar un hábtito. Un dato curioso es que el 12% del peso total de una banana corresponde a su cáscara. No pretendemos que la comas (aunque algunos lo hacen), pero saber que se puede usar para ablandar la carne y conservar su jugo mientras se la cocina, o para hacer té, no está de más.

Las Sobras.

captura-de-pantalla-2017-02-14-a-las-3-28-58-p-mA no ser tan cómodos. Si algo sobra, se reutiliza (el tomate de una ensalada bien pueden ser parte de una salsa) o se congela para comerlo más tarde -el pan-. Lo mismo cuando se va a un restaurante. Llevar lo que no comiste y sobró, te salva después y achica la cantidad de comida descartada por el local (nunca te avergüences por pedirlo).

En sus libros policiales Manuel Vázquez Montalban, siempre instalaba su «alter ego», un personaje secundario que (como él) era cocinero, y luego de describir un plato delicioso, ya en plena culminación, el personaje principal (Pepe Carvalho), no podrá comerlo por una llamada urgente que lo obliga a salir de la casa. Ante la pregunta ¿como quedará esto recalentado?. «De la ostia jefe, vaya tranquilo, lo guardamos». Desde entonces y para siempre. Recalentado también se disfruta.

Cabe preguntarse si el reaprovechamiento de estos alimentos es capaz de reducir la cantidad de comida que pasa rápidamente a ser basura. La realidad es que a gran escala no, pero como se dice, todo suma. Además, mejorar la forma de consumir los alimentos es una buena manera de cuidar tus gastos. A fin de cuentas, desperdiciar menos es gastar menos y formar parte de los que algunos vislumbran como el inicio del cambio.

Basado en una nota de Ariana Perez Artaso

¿Qué nos dicen los colores de las hotalizas?

El color de las hortalizas y las frutas ofrece información sobre su composición nutricional y da pistas de los beneficios que aportan al organismo

Si te preguntaste ¿por qué los tomates son rojos y la espinaca es verde? O ¿qué relación con la salud pudieran tener los colores de las hortalizas? En la División Nutrición Humana de la Universidad de Wageningen (en Países Bajos) lo hicieron. Los colores de las hortalizas son como una etiqueta nutricional, informan sobre los beneficios que aportan.

El color se debe a sus fitoquímicos, que actúan como defensa natural, protegiéndolas de infecciones, y otorgándoles el color, el aroma o el sabor. Los fitoquímicos no se consideran sustancias esenciales para el ser humano, ya que no los necesita, pero a largo plazo son importantes. Ejercerían un efecto protector del sistema cardiovascular y ayudarían a reducir el riesgo de cáncer.

Algunos detalles, en cuanto a los distintos colores y qué beneficios aportan.

Verdes

Deben su color a la presencia de clorofila, aportan pocas calorías y tienen un valor su riqueza en vitaminas y minerales. Además de aportar fibra.

Rojas

Ricos en antocianinas y licopeno, compuestos antioxidantes. Además, contienen minerales como potasio y selenio y aportan vitaminas A, B9 y C.

Morado

En la cebolla morada, las berenjenas, la remolacha (también roja) y hasta repollo morado. Su color indica la presencia de antioxidantes, anticianina y compuestos fenólicos.

Naranjas

La zanahoria, la calabaza o zapallos son fuente de vitamina A y vitamina B.

Amarillos

Al igual que los vegetales anaranjados, su seña de identidad es la vitamina A, vitamina B, potasio y ácido fólico. Son antioxidantes. Son el pimiento amarillo, el maíz y alguna variedad de tomates.

Blancos

Como la cebolla, el ajo, los espárragos, el puerro, la coliflor, el repollo o los nabos, tienen un alto contenido de potasio y magnesio. Aportan una gran cantidad de fibra y alicina, un excelente antioxidante.  

Comer hortalizas de distinto color a diario es importante para etiquetar tu dieta como saludable.

Alimentos que podrían protegernos del cáncer

Se cree que, si se consumen con regularidad, algunos nutrientes contenidos en ellos podrían reducir el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer. Cuáles son.

El Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer (WCRF) estima que alrededor del 34% de los cánceres se originan en los hábitos y el estilo de vida, incluyendo la dieta. Pero la buena noticia es que aparentemente hay varios alimentos que pueden ayudar a combatir la enfermedad.


1) Crucíferas (Brócoli, coliflor, repollo, etc)

Por su contenido con isotiocianatos y glucosinolatos pueden interferir con los radicales libres, vinculados entre otras cosas a distintos tipos de cáncer. Además son buena fuente de Vitamina K, potasio y magnesio.

2) Cereales y granos enteros (arroz integral, avena, legumbres, etc.)
Por su alto contenido en fibra y vitaminas del grupo B


3) Pescados grasos (o azules)
Por su contenido en ácidos grasos omega-3 como en el salmón, la caballa y el atún pueden ser anti-inflamatorios que reducirían el riesgo de sufrir cáncer.

4) Yogurt

Y las leches fermentadas con probióticos, bacterias que mejoran el funcionamiento del intestino grueso (colon) y pueden mejorar el sistema inmunológico.

5) Naranjas y zanahorias

Porque son fuentes, respectivamente, de vitamina C y antioxidantes betacarotenos. Los antioxidantes ayudan a neutralizar los radicales libres, moléculas que pueden generar cáncer. Conviene incorporarlos directamente de las frutas o verduras, ya que tomarlos en forma de suplementos no ha demostrado tener efectos protectores.


Otros que se quieren subir a la lista

– Té verde (es una hoja que no sufre oxidación durante su procesado)
– Ajo (y otras aliáceas: cebollas, echalotes, etc.)
– Tomates (en salsas o frescos contienen licopeno, que actuaría sobre radicales libres)

Dr. Alejandro Ugarte

Médico Nutricionista

Profesor Asociado de Medicina y Titular de Dietoterapia del Adulto en larrera de Nutricion.  IUC (Instituto Universitario CEMIC)

Jefe de la Sección Nutrición y Diabetes del CEMIC

doctorugarte.com