Hoy comemos pasta

¿Qué fideos elegir?

No hay motivo para evitar las pastas. Sin embargo no todas las pastas son iguales. Primero vamos por la pasta seca. Elegí bien antes de comprar.

Las de trigo candeal: van,  porque se digieren más lentamente y si además son de trigo candeal integral! Es aún mejor porque es mucho más saciante.

Las diferencias

Hay un  trigo “blando” o trigo pan, que es el que se usa para todos los panificados y da origen a la  harina (000 ó 0000 según el grado de molienda) y el trigo duro o trigo candeal más parecido al Italiano.

A su vez, ambos granos de trigo pueden procesarse enteros, dando origen a una versión integral, o quitarles la capa superficial  (el salvado o cáscara) y dar una harina común.

De por sí los fideos de trigo candeal comunes ya eran mejores que los de harina 0000 y hasta incluso mejores que muchos «integrales» que están hechos a base de esa harina común y con un poco de salvado agregado. Pero los de candeal integrales son lo más. Y lo mejor es que se consiguen en el súper!!

Receta

Es un plato que combina el almidón de la pasta con la fibra de las hortalizas, lo que lo hace metabólicamente adecuado para tod@s.

Espaguetis integrales con espinacas y tomates cherrry

Ingredientes

  • 300 grs de espaguetis integrales.
  • 1 Cebolla de verdeo.
  • 1 Diente de ajo.
  • 300 grs de tomates cherry.
  • 2 puñados de espinacas frescas.
  • Salsa de soja (un poco).
  • Aceite de oliva.
  • Pimienta negra.
  • Sal.

Preparación

Cociná la pasta en abundante agua hirviendo con un poco de sal, el tiempo mínimo que indique el fabricante en el envase.

 Cuando esté cocida, la escurrís y pasás por agua fría para romper la cocción. Reservás.

 En una sartén, poné un poco de aceite de oliva y calentá a fuego medio. Añadí  la cebolla picada, el ajo y los tomates cherry cortados por la mitad. Saltealos unos minutos.

 A continuación agregá las hojas de espinacas y la salsa de soja (poca cantidad), un poco de sal y pimienta. Dejamos cocinar unos minutos a fuego medio.

 Finalmente añadís la pasta, mezclás bien y cocinás todo 2 o 3 minutos más. Rectificamos de sal y pimienta si fuera necesario.

 Y listo.

Secretitos

Las únicas 2 razones para elegir un fideo de arroz o alguna versión “sin gluten” es: a) tenés celiaquía (o una intolerancia comprobada o supuesta al gluten) y b) por que te gustan (por supuesto que hay gustos y gustos y mas gustos para todo)

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Una Tarta Mc

Cuando hablamos de alimentación «saludable» entramos en un ámbito de incertidumbres. ¿Cómo definís saludable?. Empezamos a entenderlo al distinguir entre «Alimento» (huevo, manzana, coliflor…) y «producto comestible» (alfajor, salchicha, masa de tarta…). Asi nos acercamos al concepto, al decir que hay alimentos «saludables» (los primeros) y productos «seguros» (los segundos), ya que no te enfermás por comerlos, al menos en el momento. Sin embargo, en largo plazo tu salud estará mejor protegida, si mayormente comés alimentos (ahora mejor) «saludables».

Como nos encantan las tartas!!!, para que sean 100 % RECOMENDABLES, preferí hacer tu propia masa. Te cuesta un poco al principio, pero al hacerla varias veces, te va a parecer muy sencilla y con un sabor inimitable por productos industriales ultraprocesados.

Tarta Mc (Masa casera)

Ingedientes (para la masa)

  • ¼ kilo de harina integral
  • 1 y ½ 2 cucharadita de sal
  • 2 cucharadas de semillas (lino. chía, y/o sésamo)
  • 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 huevo
  • 12 cucharadas de agua

Preparación

En un bol grande ponés la harina, las semillas y la sal, mezclalos bien.

Incorporá el aceite, el huevo y el agua. Integralos.

En una mesada con un poco de harina, amasá 2 min hasta que te quede una masa lisa. Estirala y acomodala en un molde para tartas. Llevala al horno precalentado a 200 grados unos 5 a 7 minutos.

Retirá y reservá mientras hacés el relleno.

Ingredientes (para el relleno)

  • 1/2 calabaza
  • 1 cebolla
  • 3 zapallitos (o zucchini)
  • 3 huevos
  • Queso blanco untable (no light)
  • Queso cremoso
  • Condimentos a tu imaginación

Completando la obra

Poné a calentar el horno a 180 grados,

Salteá cebolla cortada en cubitos.

Agregale los zapallitos cortados en cubitos o de la forma que más te guste

Después le agregás la calabaza ya cocida, hecha al horno y el queso untable. Mezclá bien.

Aparte batí los huevos y agrégalos a la mezcla. Condimentá a gusto,

Colocá el relleno sobre la masa de tarta. Decorala con pedacitos de queso cremoso

Mandala al horno aproximadamente por 40 min y ya la tenés lista!!!!

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¿Es mejor consumir los vegetales crudos?

Existe una idea bastante generalizada acerca de que siempre conviene comer verduras crudas en vez de cocidas.

Aunque hay hortalizas que pierden algunos nutrientes cuando se cocinan, también las hay otras que se benefician con una buena preparación.

¿La mejor opción?: Alternar ambas preparaciones y consumir a diario frutas y verduras en variedad de tipos y colores.

En la Cocina

Es algo desalentador ver un manojo de espinacas hervidas que apenas alcanza para rellenar una empanada después de haber estado lavando media hora, hoja por hoja, un atado que parecía enorme. Pensás: “Seguro que perdió un montón de nutrientes”, podría ser cierto.

Se suele decir que siempre conviene consumir los vegetales crudos. Pero, ¿esto es siempre así?

La cocción de muchos vegetales a altas temperaturas acelera la destrucción u oxidación de algunas vitaminas, y también favorece la pérdida de compuestos volátiles que, en general, aportan al aroma de los alimentos. Por otra parte, pese a que algunos componentes, como el hierro y el calcio, son muy estables frente a la temperatura sí puede ocurrir que al hervirlos, por ser solubles, se transfieran al agua de cocción y se pierdan.

Por lo tanto, en estos casos, si querés conservar la mayor cantidad de nutrientes en las verduras, efectivamente el consumo crudo o el empleo de métodos de cocción de corta duración son ideales.

Para evitar la pérdida de componentes solubles, como los minerales o las vitaminas C y del grupo B, la alternativa es elegir medios de cocción no acuosos como el salteado, el horneado o cualquier procedimiento que no sumerja al alimento en agua durante mucho tiempo. En el caso de hervirlas, una buena opción es guardar el caldo de la cocción para hacer salsas o sopas.

Sin embargo, resulta ser que, en algunos casos puntuales, la cocción podría hacer más aprovechables ciertos nutrientes.

El “licopeno” es un pigmento rojo de la familia de los carotenoides que se encuentra predominantemente en los tomates y otros alimentos rojo-rosados, como la sandía y el morrón rojo. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) sostiene que existe evidencia, aunque muy limitada, acerca de la asociación entre el consumo de tomate y una disminución en el riesgo de ciertos tipos de cáncer, posiblemente debido al potencial antioxidante de este compuesto.

Resulta ser que cocinar el tomate durante 30 minutos a casi 90°C, si bien se reduce un 29% su contenido de vitamina C, aumenta en un 35% la cantidad de licopeno disponible. Una posible explicación a este resultado sería que las altas temperaturas ayudan a destruir las paredes de las células vegetales y favorecen la liberación de este tipo de nutrientes.

Por otra parte, las zanahorias, las espinacas, los champiñones, los espárragos, el repollo y muchas otras verduras también aportan más antioxidantes, como carotenoides, cuando están hervidos o al vapor. En particular, en el caso de las zanahorias, se observó que aumenta el beta-caroteno, precursor de vitamina A, que interviene en la visión, el crecimiento óseo y la regulación del sistema inmunitario, entre otras cuestiones.

Aunque la cocción prolongada disminuye la cantidad disponible de polifenoles, antioxidantes asociados a la reducción de riesgo de cáncer y enfermedades cardíacas.

Entonces

Si bien es cierto que consumir vegetales crudos o utilizar métodos de cocción de corta duración y no acuosos es útil para preservar determinados componentes, existen algunos casos puntuales en los que pareciera ser mejor hervirlos para aprovecharlos al máximo sus nutrientes.

Al comer vegetales crudos siempre hay que tener en cuenta que deben estar muy bien lavados con agua segura, ya que las enfermedades trasmitidas por alimentos como cólera, síndrome urémico hemolítico y parasitosis se previenen mediante la higiene o la cocción.

En conclusión, dado que las ganancias en ciertos componentes se compensan con las pérdidas de otros, es bastante complicado establecer una regla general. Por eso, la mejor opción es una buena variedad en nuestra dieta: una ensalada de espinacas crudas bien crujientes con tomates asados, un salteadito de vegetales con brócoli, zanahorias y espárragos hervidos o una lasaña de berenjenas y zuccini con salsa de tomate y queso.

Hay que comer frutas y verduras en variedad de tipos y color

Fuente: chequeado.com – Editado por DoctorUgarte

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El Maíz: un cereal que se las trae

El maíz es el tercer cereal más cultivado en el mundo, y después del trigo y el arroz. Es la base de la alimentación de muchos países. En Argentina no ha conseguido desbancar al trigo, aunque va ganando consumidores. Si tenés intolerancia (o fobia) al gluten, sabés que este es «tu cereal». Compite con el arroz por esa posición.

Es un alimento muy completo, que contiene vitaminas y minerales que le dan un plus sobre otros granos. Fueron las civilizaciones precolombinas las que establecieron el maíz como uno de los alimentos básicos en su dieta y fueron los españoles quienes lo llevaron a Europa. A principios del siglo XVI ya se cultivaba en España y se extendió por toda Europa, norte de África y Asia.

Valor nutricional por 100 gramos

  • Calorías: 86
  • Carbohidratos: 19 g
  • Grasas: 1,2 g
  • Proteínas: 3,2 g
  • Ácido fólico (vitamina B9): 46 μg
  • Potasio: 270 mg

Existen distintas variedades, que se diferencian en función de su color (amarillo, blanco, azul, morado, rojo y negro) o por la finalidad a la que están destinadas. Las más conocidas en Argentina son el maíz dulce (el que se consume crudo, fresco o enlatado), el maíz cristalino (se utiliza para hacer harinas y sémolas) y el maíz explosivo (el que se utiliza para preparar pochoclo o «pop corn»).

Además de fresco, el maíz lo podés comprar congelado o envasado, en forma de harina, copos o en sémola para la preparación de bizcochos y productos de repostería. La mejor forma de cocinar el maíz dulce, si está tierno, es al vapor. Pero una de las maneras más deliciosas de disfrutarlos es asándolos y condimentándolos con manteca o aceite y sal.

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Falafel: Tenés que probarlos

El protagonista de este plato, el garbanzo, una legumbre que aporta numerosos nutrientes, como proteína, fibra, y ácidos grasos insaturados. Además, es fuente de niacina y vitamina E y posee un alto contenido de tiamina, vitamina B6 y folatos.

Faláfel o falafel​ es una croqueta de garbanzos (o habas) . Suele consumirse en Oriente Medio, y en ahora también en nuestro país gracias a los restaurantes especializados en comida oriental y vegetariana. Tradicionalmente se sirve con salsa de yogur o de tahini, en pan árabe o bien como en nuestra receta de hoy, como entrada.

Ingredientes

  • 300 g de garbanzos crudos
  • 1 zanahoria mediana
  • 1 cebolla mediana
  • 4 dientes de ajo
  • ½ taza de perejil y cilantro picados
  • 1 cda de comino molido
  • Pimienta y sal
  • ½ taza de agua
  • Aceite de oliva
  • Salvado de avena  c/n

Preparación

Dejá los garbanzos en remojo a la noche (en abundante agua). A la mañana siguiente los escurrís y secás.

Procesá los garbanzos, la zanahoria, la cebolla, el ajo, perejil, cilantro, comino, sal y pimienta, con el agua, hasta que te queden bien integrados.

Con esa mezcla en tus manos vas a formar bollitos, del tamaño de una nuez grande. Si la masa te quedó pegajosa, podes agregar el salvado de avena, para que seque un poco.

Colocá tus bollos, te quedan mas o menos unos 30, en una placa de horno engrasada o cubierta con un papel de horno

Rocialas con un poco más de oliva

Cocinalas a horno moderado una media hora o hasta que los ves doraditos.

Servilos con yogur natural y gotas de limón. Si te gusta, más pimienta recién molida.

Son deliciosos, cuidado!!!

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Frutos secos ¿hay que “activarlos”?

Recientemente me consultaron por una mencionada  tendencia nutricional consistente en “activar” los frutos secos antes de comerlos y obtener (supuestamente) con está práctica una serie de beneficios.

Los frutos secos  son una fuente de ácidos grasos insaturados así como de ácido fólico, hierro, magnesio, fosforo, potasio, calcio, hierro, antioxidantes y numerosas sustancias bioactivas como los flavonoides.

Dentro de esta categoría encontramos las almendras, avellanas, nueces, pistachos, piñones y castañas, entre otros.

¿Qué razonamiento impulsa a que cierta gente piense que remojando los frutos secos aumentara su valor nutritivo?

Al menos se trata de una recomendación nueva para mí y que por lo que he podido comprobar está especialmente asociada a los ritos las prácticas de la alimentación alternativa (ya sabés, ese tipo de “alimentación” que se encargan de popularizar personajes como  Gwyneth Paltrow y otros iluminados de la Nutrición). Si bien es cierto que el respaldo que tiene esta práctica con respecto a sus beneficios es prácticamente inexistente, hay que reconocer que algo hay que decir, muy poco, en esta “activación”. Veamos qué es eso de la activación de los frutos secos, muchas veces asociado a las almendras en particular.

¿Qué sería activar los frutos secos?

Según sus promotores consiste en someter los frutos secos a un remojo en agua durante un tiempo variable. Llegando a variar entre las 2-3 horas y las 24, según a quien le preguntes. En la temperatura del líquido tampoco hay unanimidad, mientras unos dicen que caliente, otros que “del tiempo” (¿del de Salta o del de Rio Gallegos?), otros que guardarlas en la heladera… y así, en fin, obtener una serie de beneficios nutricionales que de otra forma no se obtendrían. Es aquí, precisamente en el punto de los pretendidos beneficios, cuando llega el desmadre. Para una buena parte de los defensores (hay cientos o miles de páginas en internet que te hablan de ello) se consigue:

  • Eliminar o reducir el ácido fítico;
  • Eliminar o reducir los taninos;
  • Neutralizar los inhibidores enzimáticos;
  • Promover la producción de enzimas beneficiosas;
  • Aumentar sus vitaminas, especialmente el de las vitaminas del grupo B;
  • Descomponer el gluten y hacer más fácil la digestión;
  • Hacer que las proteínas sean más fácilmente absorbibles;
  • Evitar deficiencias minerales y la pérdida ósea;
  • Ayudar a neutralizar las toxinas en el colon para mantener el colon limpio;
  • Prevenir muchas enfermedades y condicionantes negativos de salud.

Espectacular (si fuera cierto).

Lejos de semejantes planteamientos lo único sobre lo que se sospecha a ciencia cierta que se obtiene como beneficioso es el punto uno. Nunca una eliminación y sí una reducción de la presencia de ácido fítico. Un compuesto que en cierta medida tiene la categoría de antinutriente de forma que, estando presente en una determinada ingesta puede dificultar la absorción de algunos minerales, en este caso y hablando de frutos secos, principalmente del calcio, del hierro, zinc… No obstante, este mismo ácido fítico también tiene su vertiente positiva, y no poca, sobre la salud, así que no es tan oscuro como lo pintan.

En el “mundo real”, la “activación” de semillas sí tiene una justificación más que contrastada en el terreno de la botánica y de la producción agraria, pero no tanto, o más bien nada en absoluto, en el de la nutrición.  Además, dicha “activación”, la real, la buena… requiere de condiciones cambiantes (tiempo, humedad, temperatura) en virtud de la semilla que se pretenda activar.

¿Estás seguro, tenés pruebas?

Si, fijate que uno de los mayores productores mundiales, el Almond Board of Australia o Consejo de la almendra australiana afirma que “quienes creen” en esto de la activación de las almendras lo hacen sin ningún respaldo científico ya que no hay publicaciones serias en las que se pongan de relieve tales prodigios activadores. Sin embargo, afirma que la venta de “almendras activadas” es un hecho y que por ser un proceso relativamente caro que encarece el precio final del producto sugiere que te las actives tú en casa. Y, ¡atención! en esta activación almendrera se incluye como ya hemos visto el remojo… pero después también una deshidratación.

Por mi parte, y después de haberle dedicado un tiempo a la búsqueda en un sentido u otro de los posibles beneficios de la activación de los frutos secos no he encontrado nada serio (pero nada de nada) y sí mucha palabrería de los militantes de la alimentación «alternativa», que suelen enarbolar fundamentos mas emocionales que científicos.

Entonces, ¿qué hago, las “activo” o no?

Mi consejo es que no, salvo que seas un seguidor de este tipo de rituales y tu tranquilidad mental espiritual dependa de ello (nada malo te va a pasar). Incluir una adecuada cantidad de frutos secos en nuestra alimentación cotidiana (en su justa medida) es, en líneas generales, una sana recomendación en el marco de muchas otras. Tu balance mineral, dependerá de muchas otras circunstancias más que allá de que estén “activados” o no. Al final, preocuparse por estas cuestiones tiene el mismo sentido que inquietarse por llevar la camisa mal abrochada mientras te caes por una escalera (vos elegís tus preocupaciones).

Desde una publicación de Juan Revenga, El nutricionista de la General (blog)

Editado por DoctorUgarte

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Atún en lata: ¿todo bien?

Ni recuerdo cuantas veces recurrí a una lata de atún para salvar una comida. Será siempre un gran recurso para la mayoría de las personas omnívoras.

Sin embargo hay algunas  preguntas por hacer. ¿Cuánto mercurio contiene una lata de atún? ¿Son seguras? ¿Qué cantidad de atún en conserva debería comer para superar esos límites recomendados? Y el líquido de la lata … ¿se tira?

Por el mercurio: ¿tenés que preocuparte?

El mercurio es un contaminante ambiental presente en aguas marinas que se va acumulando en el tejido adiposo de pescados y mariscos a lo largo de su vida. Además los peces pequeños son ingeridos por los grandes, estos a su vez por otros mayores y así sucesivamente, de modo que la cantidad de mercurio pasa de unos a otros. Así, los de gran tamaño tienen más cantidad que los pequeños.

El consumo de este metal pesado en cantidades excesivas afecta a órganos como el riñón y el hígado y puede perjudicar al sistema nervioso central en desarrollo. Por este motivo se recomienda a niños de hasta 10 años y mujeres embarazadas evitar el consumo de especies grasas de gran tamaño, como tiburón, pez espada, mero, lucio y atún rojo.

El atún que se utiliza en la elaboración de conservas es de especies más pequeñas, por lo que acumulan menos mercurio. Algunos estudios han encontrado una media de 0,3 mg/kg de este contaminante, muy por debajo del límite máximo establecido por la legislación europea de 1 mg/kg. Una conserva contiene 15,6 microgramos de mercurio, una cantidad muy razonable.

¿El atún en lata es crudo o cocido?

Antes de meter el atún en la lata, a grandes rasgos, se sigue el siguiente proceso: se limpia el atún, se cocina y se troza para introducirlo en un envase junto con el líquido de cobertura (normalmente aceite o agua con sal).

Luego, se cierra y se introduce en un autoclave —como una gran olla a presión— donde se somete a un proceso de esterilización: se aplica una temperatura de unos 120 ºC para asegurar la inocuidad del producto.

Después se enfría y se etiqueta. En el proceso de cocción y maceración parte de los nutrientes pasan del pescado al líquido de cobertura.

¿Hay que tirar el líquido de las conservas?

Lo primero que solemos hacer después de abrir una conserva de pescado es desechar el líquido de cobertura. En realidad, las conservas no tienen ingredientes misteriosos ni peligrosos. La desconfianza se debe, en muchos casos, a que no se conoce el proceso de elaboración.

Ahora sabés que durante la cocción y la maceración posterior, parte de los nutrientes y los compuestos responsables del aroma y el sabor pasan del pescado al líquido. Así que, no solo podemos consumir este líquido sin problema, sino que puede aportar nutrientes y sabor.

Eso sí, debés tener en cuenta su composición nutricional, sobre todo el aporte de calorías (en especial si contiene aceite), el perfil de ácidos grasos (más adecuado en aceite de oliva que en aceite de girasol) y, sobre todo, la cantidad de sal que podés conocer consultar en el etiquetado.  

Secretito

Para superar la cantidad de mercurio que se considera segura, una persona adulta debería comer algo más de cinco o seis latas de atún por semana, pues la ingesta tolerable es de 112 microgramos por semana para una persona de 70 kg..

Los pescados con menor contenido en mercurio son: bonito o atún claro, caballa, pulpo, anchoa, jurel, trucha, salmón y merluza.

DoctorUgarte “Comé Bien, Viví Mejor”

Fuente Eroski Consumer

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Pollo Marinado en Yogur y Especias

Para la receta que hoy te propongo recurrir al marinado, una técnica culinaria en la que sumergís un alimento en un medio ácido para cambiar su sabor o textura. En este caso elegimos un pollo, lo vas a bañar en una mezcla de especias y ácido láctico (yogur), y vas a tener una receta inolvidable.

La elección del yogur para la receta tiene una explicación sencilla y práctica. Los marinados clásicos se hacen con alcoholes o vinagres. De hecho el cebiche y los encurtidos son técnicas de marinado aplicadas a pescados los primeros y a vegetales los segundos. El empleo de alcohol en el marinado tiene como ventaja que confiere a la carne un sabor potente, pero corrés el peligro de resecarla si alargás el proceso. En nuestro caso el yogur cumple su función para potenciar el sabor de las capas superficiales, además de retener la humedad de la carne ya que es un ácido suave.

Hacé un marinado de un par de horas –lo ideal es alargar el proceso durante unas 24 horas–, y potenciá sus efectos marcando los trozos de pollo a fuego fuerte para que las especias desarrollen bien los aromas y la carne no pierda jugosidad. Las posibilidades combinatorias de especias es infinita: para hoy he optado por una versión más hindú gracias al curry, la cúrcuma y el jengibre molido, pero podés jugar con tus especias favoritas.

Ingredientes   (Para 4 personas)

  • 1 pollo deshuesado
  • 2 cebollas blancas
  • 2 zanahorias grandes
  • 2 dientes de ajo
  • ½ vaso de un buen caldo de pollo
  • 1 yogur natural entero (no endulzado)
  • Cilantro fresco (o perejil)
  • 1 cm de jengibre fresco
  • Sal

Para la marinada

  • 1 cucharadita de cúrcuma en polvo
  • 2 cucharaditas de curry en polvo
  • 1 cucharadita de jengibre en polvo
  • 1 cucharadita de pimentón ahumado
  • 2 cucharadas de salsa de soja
  • Pimienta molida
  • 1 yogur natural entero (no endulzado)
  • 3 cucharadas de leche entera

Preparación

  •                   Trozá el pollo en piezas más o menos regulares, de unos 4 cm. Ponelo en una fuente y mezclalo con todos los ingredientes del marinado. Tapalo con papel film y reservalo en la heladera.
  •                    Pelá y cortá las zanahorias y las cebollas en trozos de 1cm. Doralos en la sartén con un buen chorro de aceite de oliva hasta que cambien de color. Añadí el ajo cortado en láminas al salteado y seguí cocinando un poco más. Apagá el fuego y dejá descansar.
  •                    Sacás el pollo de la heladera y saltealo en una sartén con un buen chorro de aceite, en tandas pequeñas para que quede bien dorado, a fuego fuerte. Vas  añadiendo el pollo ya salteado a los vegetales que ya salteaste.
  •                    Con todo el pollo dorado, a fuego medio, añadí el caldo y el yogur hasta conseguir una textura untuosa, con cuidado de no pasarte con el tiempo de cocción del pollo o perderá todos sus jugos. Si te queda una salsa demasiado líquida, retirá el pollo y dejá que la salsa se reduzca.
  •                    Retirá la preparación del fuego, dejala reposar 10 minutos. Servilo con cilantro (o perejil) picado fresco, jengibre rallado y pimienta recién molida.

Secretito

El yogur ablanda la carne del pollo y además facilita que el sabor y aroma de las especias se fundan en ella.

Lo aprendimos de Harold McGee en su libro La cocina y los alimentos (Debate, 2015). McGee es un escritor y científico norteamericano, que ha dedicado gran parte de su obra a la gastronomía, haciendo énfasis en la química de los alimentos. La cocina y los alimentos, es la más que aconsejable enciclopedia que relaciona la ciencia y la cultura de la comida.

La receta original es de RUBÉN LEÓN Y GUIYE COMÍN para El Comisita. Editada por DoctorUgarte

Hojas de acelga rellenas

Este plato lo conocí como Dolmas (en turco. «rellenos») y procede de Medio Oriente, existen versiones de esta preparación en  Armenia, Grecia, Turquía, Líbano… La receta original se hace con hojas de parra, pero como aquí puede ser un poco difícil de conseguir, te voy a presentar esta versión con hojas de acelga. De todas formas, si las podés comprar,  prepararlas con hojas de parra, que podrías encontrar en tiendas de comida especializada de Turquía, Grecia o Armenia.

Aunque es un plato un elaborado (más por el tiempo que lleva que por la dificultad) te recomiendo prepararlo porque es delicioso y muy original. Se trata de envolver esta hoja de parra o acelga en un relleno de carne picada aderezada con especias y mezclada con arroz. ¡Una auténtica delicia!

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INGREDIENTES

  • 2 atados de acelga
  • Sal, pimienta, pimentón y ají molido, a gusto
  • 3 tomates
  • 2 cebollas
  • 1 morrón verde
  • 1 morrón rojo
  • 3 dientes de ajo
  • 400 g de carne picada
  • 200 g de arroz
  • 1 taza de perejil picado
  • 4 cucharadas de jugo de limón
  • 4 tazas de agua caliente

PREPARACION

Lavá las hojas de acelga, descartá las puntas gruesas de las pencas. Blanqueá las hojas: sumergilas 3 minutos en una cacerola con agua hirviendo salada, escurrilas y reservalas.

Para el relleno. Picá los tomates, las cebollas, el morrón verde y el morrón rojo y los dientes de ajo, pelados. Mezclá los vegetales picados con la carne, el arroz crudo, el perejil y los dientes de ajo, todo bien picado. Condimentalos con sal, pimienta, pimentón y ají molido.

Para el armado. Disponés sobre cada hoja de acelga, una cucharada de la preparación de carne y enrollás formando un cilindro (se doblan los costados hacia adentro y luego, se enrolla, queda como un cigarro).

Disponelos en forma circular, que no se encimen,  en el fondo de la olla y cubrilos con un plato y una taza llena de agua para ejercer presión sobre los mismos.

Incorporá el agua caliente y cocinalos 30 minutos.

Cinco minutos antes de finalizar la cocción agregá el jugo de limón.

Y Listos!

By Noumenon

Secretitos

Las dolmas pueden ser vegetarianas (generalmente arroz o legumbres) se sirven frías junto con salsa de yogur y ajo (tzatziki) o una salsa a base de jugo de limón.

Si estás en plan de adelgazar,  tené en cuenta que se elaboran al vapor. No incluye grasas. Las calorías dependerán de la cantidad que comas.

Y, además, podés tenerlos preparados con tiempo y darles un toque de microondas, les echás su chorrito de aceite cuando los saqués del micro y quedan para disfrutarlos como recién hechos. 

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Congelar alimentos: cuales si y cuales no

Que bueno es tener un feezer bien provisto. Para cualquier emergencia contás con su contenido, que te salva y quedás a resguardo de tener que cocinar unos aburridos fideos. Aunque a veces surgen dudas, como ¿cuánto hace que tengo estas milanesas?. ¿Es confiable este alimento que hace más de un año esta aquí, aguardando su «oportunidad»? Veamos.

La congelación es un método seguro y eficaz para conservar alimentos, pero tiene sus incertidumbres

  1. ¿Todos los alimentos pueden congelarse?

Casi todos los alimentos pueden ser congelados. La fruta, las papas, el pan, la palta, los frutos secos, la leche, el queso y hasta la harina pueden congelarse. Si bien algunos alimentos pueden sufrir daños debido a que la formación de los cristales de hielo rompen las membranas celulares, esto no tiene efectos negativos en términos de seguridad. En el caso de algunos alimentos el proceso de formación de cristales hace que cambie su textura y ésta se vuelva un poco rara, por lo que no se recomienda congelarlos. Tal es el caso de las lechugas, los champiñones, el queso untable, salsas que lleven huevo, el kétchup, los alimentos con alto contenido de grasa como la crema y algunas salsas, y algunas frutas con alto contenido de agua como el pepino o los tomates.

En el caso del arroz, para consumirlo luego de congelado hay que calentarlo en agua hasta la ebullición antes de comerlo.

2. ¿ Al congelar se pierden nutrientes?

Falso. Si la temperatura se conserva por debajo de los -18 °C, la congelación no tiene pérdidas nutricionales. Las frutas y verduras que se venden ya congeladas pueden llegar a ser incluso más nutritivas que las frescas. Esto se debe a que estos productos empiezan a perder vitaminas y minerales gradualmente tras la cosecha, por lo que cuanto más tarden en viajar del campo al consumidor, serán menos ricas en nutrientes. La ultracongelación detiene este proceso.

3. ¿ Un alimento quemado por congelación perdió calidad?

Verdadero. La quemadura por congelación se presenta como unas manchas grises y (textura semejante al cuero que no implican un problema de seguridad, pero sí nos dicen que la calidad del alimento, sus propiedades, sabor y textura han cambiado.

Suele ocurrir cuando hay aire en el recipiente o alrededor del alimento que se congela. Ese aire es capaz de llegar a la superficie del producto, lo que causa cambios de color o problemas de textura, especialmente a medida que se descongela. A veces, esas manchas se pueden retirar y aprovechar el resto del alimento, pero si se ha quemado mucho, es mejor tirarlo.

Para evitar esto es importante proteger bien el producto con un film o emplear bolsas para congelar con selladores, ya que así mantenés  el agua del alimento fuera del alcance del aire seco del congelador. Además, también se evitás que el producto tome sabores y olores extraños

4. ¿Hay que descongelar en la heladera?

Verdadero. A partir de los 4 °C se inicia esa franja de temperatura crítica en la que las bacterias reanudan su actividad. Si dejás que el alimento se descongele a temperatura ambiente, en pocos minutos ya habrá superado esa franja de seguridad.

La descongelación debe realizarse de la forma más lenta posible. La mejor opción es descongelar los alimentos en la parte de la heladera donde la temperatura sea menos fría (la parte inferior) y sobre una bandeja que recoja el líquido.

5. ¿Volver a congelar alimentos descongelados tiene riesgos?

Verdadero. Se suele decir que si un alimento se ha descongelado, ya no se puede volver a congelar, pero no es exactamente así.  Sí se puede, pero existe cierto riesgo. Aunque las intoxicaciones por recongelación no son frecuentes, tampoco son imposibles. Congelar no mata bacterias, sino que detiene su crecimiento, por lo que si no se descongela de modo correcto, podemos provocar que esas bacterias vuelvan a reproducirse.

Suponiendo que volvieras congelar ese alimento, corrés el riesgo de que lo estés congelando con más bacterias.  Si se descongelara  mal por una segunda vez, el peligro de intoxicación se multiplica. Además, hay que tener en cuenta que volver a congelar un producto provocará un cambio en la textura, en el color e incluso en el sabor del alimento.

Otra cosa diferente es descongelar un alimento, cocinarlo (las altas temperaturas destruyen los patógenos) y, después si,  re-congelarlo. De esa manera estás cambiando su estructura molecular y el proceso de re congelación ya no lo afecta.

6. ¿Los embutidos se pueden congelar?

Falso. Sí se puede, pero algunos aguantan mejor que otros. Los embutidos muy curados se congelan mejor que los cocidos. No hay ningún problema en hacerlo, pero organolépticamente los resultados serán peores, ya que en productos como el jamón se forman cristales que pueden afectar a la calidad del producto. Siempre es mejor congelar el producto envasado al vacío. Si no se puede, hay que envolverlo bien en film transparente.

7. Si comés el pescado crudo, ¿antes tenés que congelarlo?

Verdadero. Si se va a cocinar mediante fritura (cinco minutos por cada lado a 170 ºC), horneado (a 200 ºC durante 20 minutos por kilo) o a la plancha o parrilla (la espina adquiere un color blanquecino y se separa fácil de la carne), no hace falta hacerlo, ya que con estas técnicas se somete el producto al menos un minuto a altas temperaturas (a partir de 60 ºC), lo que elimina el anisakis, un parásito que se encuentra en los pescados y que puede causar intoxicaciones.

Pero si se va a comer crudo, hay que congelarlo para acabar con él, ya que este parásito no resiste temperaturas frías. Se recomienda, para poder congelar en casa, el freezer debe alcanzar -20 ºC (tres estrellas) o menos y mantener el pescado congelado durante cinco días para que el frío llegue a la parte central del alimento. Si el freezer tiene menos de tres estrellas se recomienda comprar el producto congelado.

Al final: ¿Cuánto duran los alimentos congelados sin perder calidad?

Si hablamos de seguridad, una congelación adecuada mantiene los alimentos seguros casi indefinidamente, pero la calidad sí puede verse afectada. Esto ocurre porque la congelación detiene el crecimiento bacteriano, pero no frena la actividad enzimática de los alimentos con baja acidez, por lo que si estos permanecen mucho tiempo congelados, cambian de sabor y textura.

En términos de calidad, los límites para la vida en un congelador de cuatro estrellas son los siguientes:

Frutas y hortalizas8-12 meses
Carne de vaca o cordero6-12 meses
Carne de cerdo9-12 meses
Carne cruda picada3-9 meses
Carne cocida1-2 meses
Pescado blanco (p. e. Merluza)6-8 meses
Pescado azul (p.e. Atún fresco)2-3 meses
Mariscos3-6 meses

Usar el freezer es una excelente alternativa para conservar los alimentos durante más tiempo y así evitar desperdiciar comida.

Consejos básicos

– Los freezers deben estar siempre a -18°C o menos.
– Los freezers funcionan mejor cuando están llenos y sin mucho espacio entre los alimentos.
– Es importante proteger los alimentos para evitar quemaduras de congelación utilizando bolsitas especiales y recipientes de plástico (ojo, no todos son aptos).
– No introduzcas alimentos calientes en el freezer ya que aumentaría la temperatura de éste afectando negativamente a otros alimentos. Dejá enfriar los alimentos antes de congelarlos.
– Asegurate de que los alimentos congelados se hayan descongelado por completo antes de cocinarlos.

– Los alimentos que se han congelado y descongelado nunca vulvas a congelarlos, a menos que los cocines.

Doctor Ugarte

Fuentes: Eroski Consumer, InfoAlimentos

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